Gayumba: 40 años. Carta-testimonio de María Isabel Bosch

Con motivo del festejo de los 40 años de Gayumba en el Mayo Teatral 2016 en La Habana, la entrañable amiga y colega María Isabel Bosch nos escribió una emotiva carta-testimonio que fue leída íntegramente en el Encuentro de Teatristas por Vivian Martínez Tabares, directora del Departamento de Teatro de Casa de las Américas, quien organizó el encuentro. (Manuel Chapusseaux, actor y director del Teatro Gayumba)

13256473_1696413870609795_8802736011011809334_n                                                                   María Isabel Bosch

                                                             __________________

Gayumba: 40 años

Hola Nives,
Hola Manuel.
Hoy me siento la persona más afortunada en el mundo del teatro. Vivian se ha comunicado conmigo y me ha otorgado esta Misión: Escribir sobre ustedes, sobre Gayumba. Por fin les pongo sobre papel lo que la timidez, que me acompañará hasta la tumba, me impide decirles mirándolos a los ojos.
Yo soy mujer de teatro porque nací en un país donde hay un grupo llamado Gayumba. Soy mujer que formó una familia que tratamos de hacer teatro porque ustedes, una familia que hace teatro, me hicieron, desde que soy niña, amar al teatro y contemplarlos como una discípula. Insisto, me siento muy dichosa porque es mi alma la que busca las palabras que puedan expresar lo que muchos corazones dominicanos sienten por ustedes.
Y ustedes, ¿quiénes son? Son una pareja que comparte la creación de una vida, un hijo, un nieto, un grupo, un dúo teatral. Un dúo en el cual, tú Nives, actriz que eres capaz de conmover hasta a un témpano, y tú Manuel, actor y director cuya impronta ha quedado impregnada en cada espacio que volvieron escénico, terminaron convirtiéndose en la República Dominicana, en el grupo teatral independiente más nacional e internacional de las últimas décadas.
p_euv01Ustedes marcaron un estilo en las tablas dominicanas y también hoy sé y puedo decir, después de andar mucho por ahí, que también lo estamparon en el quehacer teatral latinoamericano.
¿Qué cuál es ese estilo?
El que nos incita a reír sin importar la edad,
Nos estimula a gozar como cuando jugábamos en la vereda con los amigos vecinos,
Nos impulsa a hablar en medio de la función,
Nos anima a apretar la mano del espectador que está a nuestro lado
Y nos descubre secándonos lágrimas cuando estamos mirando sus obras en escena, cuando viajamos a esos momentos de conmoción catártica.
Y todo esto porque Gayumba se entrega a través de su arte teatral, el que los expertos en la materia dicen que está conformado por una estética sencilla (que es la más complicada de todas)
Se entrega, repito, a través de la economía de elementos en la escena (pero, Manuel, no economía de neuronas),
A través del uso creativo del espacio,
La poética luz que los acompaña en cada diseño,
El hermoso universo sonoro de cada espectáculo,
La integración del teatro de títeres,
La animación de objetos,
El uso plástico y dúctil del cuerpo,
La multiplicidad de tonalidades que logran con la voz,
La adaptación de las grandes obras literarias,
La narración de esas obras,
La dramaturgia con reducido número de personajes,
Y, y, y…
Y todas estas y otras características descubiertas en cada ensayo, que pintan de infinidad de colores su trayectoria dramática.

En estos cuarenta años lograron deleitar e impresionar a todo tipo de público. Lo hicieron por ejemplo, con clásicos renacentistas y del Siglo de Oro español como El Lazarillo, como la Celestina, como los Cuentos del Siglo de Oro, como La Dama Duende, y como Don Quijote de la Mancha. Por cierto, con esa insuperable novela de la lengua española, chicos, ustedes crearon el clásio de los clásicos montajes de nuestra Quisqueya: su “Don Quijote y Sancho Panza”. Y este 2016 dicha obra ya tiene 33 años en el repertorio de Gayumba.

Nives Moñitos

No debo dejar de mencionar, por si alguien no lo escuchó nunca, que con ese Don Quijote y ese Sancho Panza, comenzaron su periplo por una diversidad de espacios convocando espectadores, no sólo en nuestra tierra, sino también en muchos países que tienen la suerte de contar con los más importantes festivales teatrales.
Ese hidalgo, con armadura conformada por los utensilios típicos de hogares criollos, y ese escudero, con la almohada debajo del vestuario que hacía descubrir su gran panza, acercaron a tanta gente, entre las que me incluyo, a apreciar más todavía al genio de Cervantes.
Por cierto, para seguir con el ritual de conmemoraciones y celebraciones, este año ese autor, el manco de Lepanto, cumple 400 años de fallecido y de representado y estimado… Y Gayumba, tiene 40 trabajando incansablemente con un teatro de corte popular original, brillante, sencillo y con la capacidad extraordinaria de no sólo conservar la esencia de todos esos clásicos elegidos, sino también de convertirlos en amenos, en divertidos y apasionantes para todo público.
En el 2013, ustedes cumplían 30 años presentado el Quijote. “Piedepuente”, un grupo de teatristas de la última década, organizó en honor a “ese” Quijote, un festival en el que varios grupos teatrales participamos para celebrar ese aniversario. ¡FIE´TA! como gritamos los dominicanos cuando estamos contentos. Porque eso sí que era una verdadera fiesta. Gozar y sentirnos orgullosos de que los que compartíamos ahí escenario podíamos hacerlo porque Gayumba resistía décadas con un mismo montaje interpretándolo y a su vez seguía creciendo y abriendo nuestro camino. Celebramos en Casa de Teatro. La Casa del gran amigo Freddy Ginebra, cuyo teatro alternativo ha servido de sede a tantos grupos independientes y de los cuales Gayumba fue el o uno de los primeros.
Todavía tengo impregnado en mi piel, aquel aplauso que hicimos todos los que vimos tu Quijote, Manuel y tu Sancho, Nives, aquella noche de inauguración de la “Semana de teatro en la Casa por los treinta años del Quijote”.

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Pero Nives,
Pero Manuel…
El teatro Gayumba no sólo ha salido airoso al adaptar clásicos de la Madre Patria, porque de manera ocurrente ha logrado transcender con otras adaptaciones que ha hecho de cuentos de la literatura hispanoamericana con los trazos de la pluma de José Martí, de Juan Bosch, de Gabriel García Márquez. Asimismo, creó espectáculos con cuentos africanos, o leyendas americanas precolombinas, o narrativa alemana, o escritos polacos, o textos dramáticos latinoamericanos, o clásicos teatrales franceses, o clásicos griegos, o,…
En fin, que si alguna conclusión sale de esta enumeración, y seguro que algo importante me falta a la lista, es que no cabe duda de que siempre ustedes partieron de escritores que tenían algo para decir. Ingenios letrados divertidos, críticos mordaces de todos los tiempos, tiernos, polémicos, resistentes, feroces, juguetones… así, como lo son ustedes.
Una vez, para un espectáculo de títeres, hasta pintaron las caperucitas de varios colores. Tiñeron las capas chiquitas de las niñas que visitaban a las abuelitas, para que por fin muchas criaturas pudieran querer a ese cuento terrorífico, que nos relatan cuando las mamis tienen que trabajar de sol a sol para levantar el peso.

Sí Nives,
Sí Manuel.
Ahora pienso en todas sus producciones, en todas esas grandes tramas, y no dejo de admirarme, que siempre buscan una forma asequible y directa de encararlas. Las presentan la mayoría sin armatostes, ni artificios, ni complicados vestuarios. Actúan muchas veces con la naturalidad sincera de la narración oral popular, proponiendo espectáculos espontáneos, claros e inocentes como somos nosotros, como somos los dominicanos, los caribeños.
Otras veces, cuando montan obras, utilizan recursos como si tuvieran todavía 5 años y ahí penetro al misterio… y “voilá” por fin los veo: dos niños jugando francamente, dos muchachitos siendo libres. Picasso decía que si él pudiera pintar como los niños, haría la verdadera PINTURA… Bueno, Gayumba, ustedes, hacen verdadero TEATRO.

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Y porque hacen realmente teatro, en todos estos años no hubo necesidad de presentarse exclusivamente en esos espacios con escenarios a la italiana y butacas, no. Gayumba ha hecho teatro de verdad en plazas, calles, canchas, estaciones de trenes, pasillos de edificios, patios, aulas, e incluso alguna gallera. En estos diferentes lugares la energía que entregaban en escena envolvía a todos los cuerpos que participaban de las funciones. Los envolvía igual que el sonido de ese instrumento musical que los bautizó: la gayumba, procedente de África, y que ya desapareció de suelo dominicano. Este telúrico utensilio rítmico, se trababa de una cuerda tensada desde una rama o estaca clavada en el suelo, cuyo extremo se amarraba a una yagua o cuero de animal que a su vez cubría un hueco que servía como caja de resonancia. Cuando se tocaba la gayumba cuentan que la tierra se estremecía. Gayumba quería que con su teatro vibrara el público, resonara, temblara… y ya sabemos que eso es lo que vivimos todos cuando asistimos a sus presentaciones.
¡Ay Nives!
¡Ay Manuel!
A veces escucho por ahí enunciar flemáticamente que no tenemos un teatro dominicano, que las nuevas generaciones nunca contarán con un referente. Que no existe un paradigma. Que la historia del arte escénico dominicano comienza y termina con un tal Cristóbal de apellido Llerena y, que no hay tradición, que hay que educar a un público, y ese público, y ese blablabla que atiborra las bocas de los todólogos que a veces dizque saben de teatro.

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Entonces, cómo les explicamos que Gayumba tiene ya 40 años creando, formando teatreros, deleitando público de cualquier bolsillo, enseñando a niños y jóvenes y adultos, inventando universos de los clásicos que muchos odiábamos leer en la escuela y que, gracias a la deidad que queramos pensar, ustedes pudieron darle vida a los más diversos personajes arquetípicos de la humanidad. No me digan por ahí que no hay memoria teatral en mi país… No lo puedo aceptar. Es tanto lo que he aprendido con Gayumba y lo que me falta aprehender.
Gayumba, 40 años. Yo apenas caminaba cuando decidieron formar el grupo y empezaron a dibujar el camino hacia la aventura, el juego y la magia de ese arte teatral tan de ustedes, tan Gayumba, dominando un lenguaje escénico propio, una metodología de trabajo y una pedagogía inspiradora.
Y ese teatro que hace Gayumba, con ese sabor criollo, tiene un ingrediente más, que a mí, en lo particular, me encanta y es más, estoy convencida que eso a lo que yo le llamo ahora ingrediente ha marcado a una serie de generaciones que heredamos las ganas de hacer teatro por Gayumba. Cada uno de los textos elegidos a la hora de armar el repertorio escénico contiene críticas profundas a nuestra humanidad perdida y se relacionan muchos de ellos con temáticas sociales que develan la injusticia, la corrupción, el autoritarismo, la indiferencia y la ambición de las clases más pudientes. Así lo pudimos palpar y advertir con esos trabajos como el Ubú Rey o Las Cazadoras del Arca Perdida o Esta era una vez… ¡y dos son tres! o los Cuentos del Siglo de Oro o Don Quijote y Sancho o Momo o El Quijote no existe.
Brecht decía que el arte no es un espejo de la realidad sino un martillo para darle forma. Siento que cada vez que me acomodo en alguna platea a escucharlos, padezco el estallido de ese martillo en donde las historias que me cuentan repercuten en mis entrañas con esos sudores que me arrebatan, con esas risas que me sacuden y con esas lágrimas que me enardecen.
Ya yo sé que no puedo cambiar las cosas jugando al teatro. Que hago teatro para que mi entorno, cada vez más crudo, no me cambie a mí. Pero también estoy convencida que el mundo es mejor y sobre todo mi país, porque existe un grupo llamado Gayumba.
Gracias Nives,
¡Gracias Manuel!
¡¡¡¡Gracias Gayumba!!!!

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