Dos ladridos ante un mismo hueso

Dentro de la programación del VII Festival Internacional de Teatro Santo Domingo 2011, se encuentran los llamados Foro de la Crítica, coordinados por Gilda Matos, espacio en el cual, diariamente, los críticos leen sus consideraciones sobre las obras por ellos elegidas. 

En este post incluyo dos textos, opuestos en sus planteamientos y consideraciones conceptuales, pero que arrojan luz para la mejor comprensión de la pieza analizada.  Son sus autores Eduardo Villanueva y Jorge Mendoza, y la pieza objeto de sus consideraciones, Sed, de Marianela Boán.

 

 Marianela Boán, “Sed” y la danza contaminada 

Por Eduardo Villanueva

Ahora, como nunca, mi país es mi cuerpo. He vivido en ambos lados de la historia. He visto la pobreza y la riqueza, paisajes y cuerpos alimentados por la ideología. Mi obra excava en la ideología buscando lo humano, extrae cuerpos reales de los cuerpos oficialmente permitidos”. (Marianela Boán) 

Danza Contaminada, eso es lo que hacen Marianela Boán y su grupo Danza Abierta, de Cuba. Algunos la llaman danza teatro – dice Guido Gali, asistente general del grupo – ella prefiere usar ese otro término, y se refiere a la danza que se contamina favorablemente de todas las artes y de las experiencias personales y colectivas de los bailarines”. (Null Value, Periódico “El Tiempo”, de Colombia, sección “Cultura y Entretenimiento”, 19 de marzo de 2002)

 Marianela Boán, creadora del espectáculo “Sed”, es de nacionalidad cubana, nacida en Guatemala, y vive actualmente en República Dominicana, donde dirige el Programa de Danza Contemporánea del Ballet Clásico Dominicano y el Ministerio de Cultura. La idea expresa de este programa es sentar las bases para la creación de una compañía dominicana de danza contemporánea.

Desde la clausura del Taller de Danza Moderna en 1996, que un servidor había fundado en 1985, no se había hecho una gestión sistemática desde un mismo centro, cultivando las técnicas de Martha Graham, Lester Horton, José Limón y Meier Jazz.  En el Taller de Danza Moderna se crearon unas 30 producciones de danza y danza teatro, coreografiadas por Lourdes Ramírez, Andreína Jiménez, Tancredo Tavares, María Luisa Valdez y un servidor. Por la escuela del Taller de Danza Moderna desfilaron también creadores como Edmundo Poy, Soraya Gallardo, Jochi Muñoz, Francis Taylor, Henry Mercedes, Jorge Mendoza, y un elegante número de actores que decidieron también cultivar su cuerpo para la danza: Aidita Selman, Karina Noble, Víctor Checo, Milagros Rosado, Iván Camilo, Teudy Uribe, los hermanos Rafael, David y Salvador Pérez, María Isabel Bosch, Manolo Ozuna, Helen González, Orestes Amador, Henssy Pichardo, Viena González, Julissa Rivera y Osvaldo Áñez, por sólo mencionar los más conocidos.

Para quienes no vivieron esos años, mencionaré los títulos de algunas obras de danza contemporánea y danza teatro que se presentaron a través del Taller de Danza Moderna: “La Casade Bernarda Alba”, “Primera Luz”, “El Unicornio Azul”, “Elektra”, “Muerte por Amor”, “Medea”, “Novias para Ogún”, “La Aldea Imaginaria”, “Transmutación”, “Carmina Burana”, “Tureiro: Mitología Taína”, “La Mujer”, “Alcestes”, “Las Troyanas”, “Las Bodas”, “Simbad el Marino”, “El Carnaval de los Animales”, “Diálogos de Carmelitas”, “La Consagracióndela Primavera”, “Amadeus”, “La Flauta Mágica”, “Hansel y Gretel”, “Romeo y Julieta”, “Los Cisnes”, “Noche Transfigurada”, “Desvelo (Diálogo Imaginario entre Salomé Ureña y Emily Dickinson)”, “Relaciones Peligrosas”, “Salomé”, “Peter Pan”, “La Bellayla Bestia”, “Pedro y el Lobo”, “Fantasía Merengue”, y otras, con escenografía y vestuario de artistas de la talla de José Miura, Cándido Bidó, Jorge Severino, Elsa Núñez y Oscar dela Renta.

Simultáneamente y posteriormente a estos esfuerzos, otros creadores de danza contemporánea han contribuído a enriquecer el género en nuestro país: Mercedes Morales y Víctor Ramírez, Marilí Gallardo, Belkys Sandoval, Awilda Polanco y Guillermo Cordero, entre otros.

Todas estas obras se hicieron con fondos y patrocinios privados, de manera que no ha sido sino hasta el actual Programa de Danza Contemporánea del Ballet Clásico Nacional que ha habido apoyo estatal para la danza no clásica, de manera que esperamos que estos nuevos esfuerzos de Marianela Boán desemboquen en la consolidación dela Compañía Dominicanade Danza Contemporánea.

Marianela Boán tiene una larga trayectoria internacional como coreógrafa, bailarina y profesora, con más de 50 obras producidas por su talento, y para la primera producción del Programa de Danza Contemporánea seleccionó un interesante grupo de jóvenes con diversos grados de experiencia y destreza, tanto académica como escénica, no sólo en danza, sino también en teatro y canto, lo que les permite adaptarse dignamente a las “contaminaciones” que Marianela Boán tan sabiamente expone en “Sed”. Son ellos: Daymé del Toro, Tatiana Mejía, Anny Cruz, Evelyn Tejeda Mateo, Mildred Rubirosa, Yojaneru Bruno, Daniel Mejía, Rafael Stalin Morla, y Anubis Arias.

El espectáculo “Sed” cuenta con un espléndido acompañamiento musical en vivo, a cargo de Jorge Read y Edgar Molina, quienes se integran formidablemente a las complejidades del montaje.

“Sed” utiliza de fulcro un elemento archiconocido para todo habitante dela República Dominicana: el botellón plástico de cinco galones que normalmente se usa para contener agua. Es bueno destacar “que normalmente se usa para contener agua”, ya que Boán y sus danzantes, en parte co-creadores de la producción, emplean estos botellones en todas las formas imaginables: como pedestales, como trampolines, como instrumentos de percusión, y fuente de frescor, para no mencionar todos los usos.

“Sed” también nos presenta una visión del eterno conflicto de muchos dominicanos con la escasa blancura y la dominante negritud de nuestra piel, cuya negación lleva a diversos procedimientos para tratar de disimular nuestra esencia mulata, hechos que son presentados en “Sed” con un irónico y efectivo uso de la tecnología visual.

Cuando el ritmo frenético de “Sed” está a punto de avasallarnos, un melódico “vocalise” a varias voces nos sirve de arrullo y bálsamo, preparándonos para la recta final del espectáculo, que concluye con un escultórico baño para toda la compañía: la sed se ve finalmente saciada en un necesario oasis. Sin embargo, mañana la sed de muchas cosas volverá a acosarnos.

 Pero “Sed” de Marianela Boán es más que nada un espectáculo de danza, “contaminado” por teatro hablado, canto y tecnología. Teniendo en cuenta que “Danza Moderna” se refiere a las creaciones de la primera mitad del siglo XX, y que “Danza Post-Moderna” abarca desde los 60 hasta los 90, cuando los coreógrafos estaban más interesados en la estructura que en espectáculo, más interesados en la virtud que en el virtuosismo, podemos deducir que Marianela Boán hace una fusión de los diversos estilo modernos y post-modernos, con fuertes acentos de la “Danza de Nueva Línea” del siglo XXI, como el Rap y el Hip-Hop, Técnica “Release” (con raíces en el movimiento terapéutico), el “A-Town Stomp”, “The Harlem Shake”, “Lean Wit It, Rock Wit It”, “Ckicken Noodle Soup Dance” y “Walk it Out”. La fluidez con que Boán mezcla los estilos le permite llevarnos desde lo más chocante hasta lo más lírico, dentro de los cánones del movimiento danzario actual.

La duración del espectáculo (una hora), evita lagunas que desvíen la atención de la acción escénica, y nos estimula a esperar el desarrollo completo de los jóvenes artistas participantes, a fin de que sean niveladas las destrezas técnicas e interpretativas a un punto más elevado, tanto en el uso del cuerpo como en el de la voz, manteniendo vivas las distintas personalidades de cada quien.

Una personalidad se define nítidamente en “Sed”: la de Marianela Boán, una maestra cuya exquisita cultura y entrenamiento formal le permiten vencer el temor natural de todo creador a la colaboración artística, en aras de un teatro total.                                         

  

Sed

Por Jorge Mendoza

Con la puesta en escena del espectáculo Sed, los días 3, 4, y 5 de junio del año en curso, en la sala Máximo Avilés Blonda del Palacio de Bellas Artes, el  Programa de Danza Contemporánea, adscrito al Ballet Nacional, tuvo su carta de presentación. Este programa está dirigido por Marianela Boán, una experimentada coreógrafa que reside en República Dominicana desde hace un tiempo,  y quien es recordada por su obra El pez de la torre nada el asfalto y por sus talleres de danza contemporánea y de composición  coreográfica, llevadas a cabo en el país en los años 90. La muestra de un fragmento de Sed, presentado el  Día Internacional dela Danza 2011, y posteriormente, enla XIV Feria Internacional del Libro 2011, despertó la curiosidad por saber qué resultaría  de la interesante exploración con botellones de agua, cuando la obra alcanzara su madurez.

Sed se inicia con un juego exploratorio con los botellones, creando una atmósfera lúdica, que invita al  público a disfrutar, sin mayor justificación que la pura contemplación del movimiento. En diálogo con  el objeto (botellón),  esta atmósfera cambia abruptamente  con la interpretación de  Rafael Morla en  sus roles de Rafael Leónidas Trujillo y Joaquín Balaguer. Si alguna historia cuenta la exploración con los botellones, ésta, queda interrumpida por el cambio de estrategia. La interpretación de Rafael Morla, con marcado acento paródico, se queda en el  intento. Siendo así, las escenas que pretenden mostrar a los dominicanos adoptando actitudes de falso refinamiento social y negando su identidad negra quedan desconectadas del personaje que las apadrina.

El afeminamiento de este Trujillo, después de parafrasear  la  vieja consigna: Trujillo en la tierra y en el cielo Dios  con Yo soy un trinquete, yo en la tierra y tú en el cielo, parece tener como objetivo hacer burla de ese machismo altanero del personaje. Lo que nos lleva a preguntarnos: ¿La homosexualidad como negación de lo varonil? En su intento de parodiar, el gesto del actor se congela en la máscara, porque ese  gesto pretendidamente evocador,  reduce la dimensión del personaje.

A ritmo de merengue, una chica es llevada de aquí para allá por varios intérpretes que la manipulan a su antojo, resultando una escena ambigua donde la intención de la coreógrafa seria  mostrar el desprecio de la oligarquía tradicional ante el merengue, durante la época de Trujillo. Y otra vez  se presenta esa fisura entre la acción y la recepción del mensaje, puesto que esa manipulación conduce la interpretación por otro camino: hacia la burla de un símbolo de la identidad dominicana.  

Sed es un montaje ecléctico que libra una batalla con elementos disociadores o que rompen la deseada ilusión: los intercambios entre Tatiana Mejía  y Mildred Rubirosa, la salida de Edgar Molina, que retorna a escena con un atabal atado a su cintura, algunos efectos de sonidos, el solo de Evelyn Tejeda…elementos que distraen, más que fijar la atención en el hecho.

Aunque las dos secciones de descarga percusiva de Edgar  Molina constituyen los momentos de mayor energía, que contribuye también a elevar el nivel interpretativo de los jóvenes bailarines, Sed  demanda una condición física que los intérpretes apenas han podido sobrellevar hasta el final.  

Lidiar  con un binomio tan fuerte como sed/botellón de agua, cargado de tantas referencias sociales  -presentes en la mente del púbico-  sin explotar ninguna de ellas, trae como consecuencia  el vacío de sentido al que nos enfrentamos. Esta convención implícita no está sola: sed/botellón conduce a la  idea de lucha social, pobreza, marginalidad. Y todo lo anterior está presente en la obra, pero solo  vive en la superficie, esbozado, desfigurado, y afectado de ambigüedad, por demás. A esto se añade cierta inseguridad de los intérpretes en el  manejo de los botellones.

Agua y sed quedan asociadas en el gesto final de los intérpretes cuando levantan  los botellones, en un claro gesto de derramar el agua en sus bocas, en el baño que ocurre a continuación de ésta y hasta indirectamente reforzada por una promoción de Agua Planeta Azul colocada como encarte en el programa de mano.  Los jóvenes bailarines  están concentrados en la realización del movimiento, no en la interpretación, que asumen  como gesto decorativo. En este nudo de contrastes no deseados reside la ilusión pretendida y el desengaño nuestro. Sed es más pretexto que texto, más hilo que tejido. A los botellones  se les asignan tantos sentidos que se resisten a  cualquier transformación, no por el abrumador número de significados atribuidos, sino por su ineficacia. En el fracaso de este acto de simbolización –simbolización que compite con la simple ejecución del movimiento-  está la explicación  de esta crisis de sentido. Sed  se anuncia de una manera y ocurre de otra.

Sed  es paródica, desacralizante, pero carente de la fuerza que requiere la intención manifiesta. Se desarrolla  en escenas pretendidamente conectadas por la presencia y el uso de los  botellones de  agua, que, en cada escena deben servir de eslabón mediante la imagen encontrada, pero esa significación  entra en crisis al diluirse en la inconsistencia de la puesta y la débil interpretación de los  bailarines. Narratividad, fragmentación y  movimiento objetivo están en franca confrontación, porque el  espectáculo no define una  ruta para  una lectura organizada, sino que procede acumulando efectos  y recursos que se superponen  por su valor en sí mismos. 

Con Sed, Marianela Boán salió al encuentro de  la espectacularidad apoyándose en sugerentes  efectos  de sonido y otros recursos que  provocan un desbalance en la puesta. Exceptuando el inicio de la obra, este  espectáculo  parece apoyarse más en las premisas de dirección de una experimentada  creadora. De otra manera, ¿cómo explicarlo?

Junio de 2011

 (Foto: Maglio Perez)

 

 

 

 

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